Así como quien no quiere la cosa entré por última vez al blog hace casi cinco meses y si bien se supone que en ese lapso pueden pasar muchas cosas en la vida de una persona, en la mía sucedieron algunas cosas pero nada que opaque al sol.
Mi amiga Vasca cada tanto rompe los frágiles hilos de mi paciencia preguntando siempre: "¿Y, cuándo vas a actualizar el blog?" y yo le respondo lo mismo una y otra vez: "Cuando tenga algo que decir".
No es que ahora tengo algo puntual para decir pero se me ocurrió hacer un resumen de estos meses y acá estoy.
* Tengo la misma cantidad de canas, no subí ni bajé un puto kilo desde Diciembre del año pasado y no recurrí a cirugía alguna.
* Sigo siendo la misma mujer de 44 años que no cree en la edad cronológica sino en la mental, teoría que justifica mi eterna inmadurez sostenida en la idea de que mi adolescente interior nunca será reprimida.
* He descubierto que existe la interacción electrodoméstica. Sucede que me compré un lavarropas y los primeros días me quedaba mirando cómo era el proceso de lavado, enjuagado, desagote y centrifugado (tarea pasiva que me insumía 71 minutos de mi vida) pero lo peor era que mientras observaba cómo era todo decía en voz alta: "Claro, ahora entiendo, sacas el jabón de acá, desagotás, ahora vas al otro compartimento a buscar el acondicionador y centrifugás". Lo que más me interesó de todo esto es comprender que esta interacción solamente se puede dar con electrodomésticos que tienen "vida" porque este tipo de charla no se podría dar nunca con una heladera o una cocina.
* Consumí Gran Hermano 2011 completito, me abrojé al tweeter en cada gala dándole tiki tiki tiki a las teclitas del BB apoyando a mi pollo Emiliano y detesté desde el primer día al border de Cristian U.
* Leí 1Q84 y me encantó.
* Me reencontré con una persona a la que no veía desde hace diez años y contrariamente a lo que me sucede en estos casos pude detectar que no soy la misma de aquella época, que he dejado atrás cierta magia que me caracterizaba y que al menos en este caso no me importó nada de nada.
* Comprendí que cuando me duele la soledad no es por la falta de hijos, familia o pareja sino por la ausencia absoluta de una figura paterna que me protegiera desde pequeña y me dijera que se sentía orgulloso de mí.
Dicho todo esto y a sabiendas de que me han quedado algunas cosas en el tintero, procederé a estirar el brazo para llamar a la verduleria a fin de que me traigan el delivery de la semana.