Te habrás enterado que estos han sido dias moviditos por estos lados, no?.
La muerte estuvo bastante ocupada reclutando para sus huestes gente querida, popular y talentosa.
Los blogs se hicieron eco de ello de distintas maneras. Algunos hablaron de quienes se fueron y en otros directamente contaron las sensaciones que les provoca la señora de blanco, que evidentemente tiene prensa cuando quiere y de todas las formas posibles.
Hoy se cumplen diez años desde que te tomó de la mano y decidiste acompañarla vaya a saber Dios a dónde.
Creo que nunca sabré por qué los años que forman décadas marcan un hito casi comercial en la vida de la gente porque si vamos a este caso en especial a mi me hiciste falta de la misma manera desde el minuto cero hasta hoy.
¿Sabés qué es lo que me molesta de días como éste? que va a empezar a sonar el teléfono y del otro lado escucharé voces que me dirán que te recuerdan y hablarán de vos de manera cálida y con añoranza.
Si estuvieras conmigo y te comentara esto me dirías que soy jodida y tendrías razón pero sucede que no entiendo esa actitud de los demás porque nunca se me ocurriría levantar el teléfono para llamar a alguien y decirle que recuerdo la muerte de un ser querido. Qué se yo, me parece que es una fecha tan pero tan íntima y personal que no me cabe hacerlo, eso sin contar con que no se gana nada de uno ni de otro lado... entendés?
Lo que a mí me sirve (y me ha servido siempre) es tener tu recuerdo de manera permanente y sorpresiva, esa cosa espontánea de pronunciar tu nombre ante una canción o una determinada situación graciosa que se puede presentar en lo cotidiano, cosa que por suerte sucede casi siempre con mis amigas que te recuerdan con tanto amor que me emociona porque te lo ganaste con creces.
A esta altura de las cosas decirte que tu muerte me dejó sola y confundida es algo obvio y mencionar que fué un hecho que no voy a comprender nunca, más todavia. Anoche pensaba si el fin de la vida de alguien está marcado por algo en especial, como podría ser que se terminó su tiempo calendario o que ya había cumplido todas las misiones que tenía asignadas al momento de nacer.
Sea como fuere, y pensándolo fríamente, nada de esto me sirve para que tu ausencia deje de doler o me haga sentir menos desamparada asi que mejor no sigo perdiendo tiempo con estas cuestiones.
Una década sin tus manos, tus ojos verdes, tus sermones y tus fiestas de cumpleaños... tres mil seiscientos cincuenta días sin vos definitivamente es mucho tiempo pero si las cosas son como nos contaron siempre, algún día nos volveremos a ver y seguiremos siendo madre e hija para toda la eternidad.