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18 de julio de 2009

Amor salvaje

Cuadro de situación: Sábado de invierno, afuera frío y lluvia (o sea, hoy), adentro la tele encendida, el negrito durmiendo en su fiaca y yo haciendo zapping.
En medio de las vueltas olímpicas que doy con el control remoto caigo en TN y me detengo porque escucho los acordes de una canción que me gusta mucho cantada por Soledad, el chaqueño Palavecino y Los nocheros.
La canto a viva voz y mientras lo hago mi mente se va por ahí, dejo el fondo musical y linkeo las estrofas con las imágenes que generan en mi mente.
Así es como descubro que tengo ganas de tener un encuentro de esos que te dejan sin aliento y generan la locura típica de la pasión instantánea, que te inspiran para besar y morder la boca que tenemos frente a nosotros, que no da tregua a las manos y nos sabe a prohibido.
Un encuentro que acelera la respiración, que arremolina el cabello, que abandona la ropa en cualquier parte de la casa, que desoye el paso de las horas en el reloj y deja marcas en la piel.
Un encuentro donde las palabras solamente se aceptan si son dichas al oído y en voz baja, una noche de abandono absoluto y sin pensar que pueda continuar mañana.


5 de julio de 2009

Domingo lluvioso



Me gusta la paz que me da estar en mi casa en un día como el de hoy, ver la lluvia a través de la ventana y escuchar esta canción.

15 de abril de 2009

Razones climáticas

Fué un día de sol pleno, un poco fresco por la mañana pero con ese clásico tinte otoñal que llena los espacios de una calidez muy particular.
Quien mirara al cielo no hubiera podido suponer que más tarde, al caer el sol, se largara a llover y sin embargo fué así.
Dicen que no llovió parejo, que solamente fué un chaparrón profundo en alguna zona específica de la ciudad, que las gotas de lluvia no eran transparentes como siempre porque parecían haberse teñido de un verde especial.
También cuentan que un viento persistente abrió algunas ventanas en particular dejando escapar acordes de viejas canciones que alguna vez significaron algo para alguien que sabia esperar y confiaba en los milagros.
Ese chaparrón imprevisto se fué tan rápido como vino pero supo dejar un camino de sal en la vereda.