Hay cosas que no puedo manejar y una de ellas es la indignación.
La avenida sobre la que vivo desemboca en pleno barrio de River y a esta altura de mi casa es doble mano.
Es muy raro que un Domingo esta calle sea ruidosa pero hoy lo fué.
Ante el insistente ulular de las sirenas se me ocurrió mirar por la ventana de mi habitación y lo que ví hizo que me hirviera la sangre de una manera que no alcanzo a describir.
Conté no menos de seis motos policiales pasando a toda velocidad con sentido a Cabildo y una de ellas quedó detenida justo frente a mi casa dando via libre al tránsito.
A la par y detrás de ellas, coches y más coches repletos de hinchas de River y de Chacarita ocupando mano y contramano de la avenida.
Pero no solamente venian motos sino que luego aparecieron otros tantos patrulleros antecediendo a cuatro micros llenos de hinchas de Chacarita (y cuando digo llenos es llenos, con gente sacando medio cuerpo por las ventanillas) y como si todo esto fuera poco también apareció un celular "custodiando" a los muchachos.
Los autos siguieron pasando por espacio de veinte minutos mientras que nadie podia cruzar de vereda a vereda porque ellos eran los amos y señores del universo.
Cuando una señora intentó cruzar pidiéndoles permiso con la mano (porque encima hay que pedirles permiso!) logró que uno de los hombres que manejaba un Renault 18 bordeaux le tirara el auto encima LITERALMENTE. Ante la queja de la señora, el tipo la amenazó sacando el puño cerrado por la ventanilla y como ella le dijo algo este sacado abrió la puerta dispuesto a pegarle.
Gracias a Dios los autos que venían detrás de éste le dieron espacio a la pobre mujer y pudo escapar corriendo hacia la otra vereda.
Por un momento temi por esa señora y cuando el susto y la perplejidad me abandonaron, empecé a putear (porque no encuentro otra palabra que refleje exactamente lo que senti) contra este sistema en el que vivimos donde todo está revuelto y patas para arriba.
La policía maneja el tránsito para que los hinchas de fútbol puedan desplazarse por la ciudad sin inconvenientes o sea, son ciudadanos de primera a los que se les pone alfombra roja para que deambulen por todos lados sin problemas.
La policía custodia a violentos porque si esa mujer no se apuraba uno de sus custodiados le rompía la cara sin dudarlo un segundo (la violencia en la mirada de ese tipo era asombrosa).
Con este sistemita de subsidio estatal para el fútbol se termina bancando a las barras bravas y todos tranquilos como si tal cosa, total este deporte es una causa nacioanl.
Muchos de los que viajaban apiñados eran adolescentes y andaban con sendas botellas de Quilmes en la mano, o sea que la prohibición de vender alcohol a menores quedó allá, donde el diablo perdió el poncho.
Y así con todo, con los valores subvertidos y sobreviviendo en un eterno viva la pepa, abandonados a la buena de Dios y pidiéndole a él que nos cuide porque sino estamos en el horno.