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16 de septiembre de 2010

Mi sobrina Paola




Hasta que ella nació, la muñequita en la vida de mi hermana era yo pero el reinado se me terminó un 16 de Septiembre de 1976 cuando vino al mundo mi sobrina Paola.
Al principio los celos me mataban y no la quería. Le hacía de todo, la pellizcaba, la molestaba, la hacía llorar y casi siempre terminaban retándola a ella.
Nos veíamos todos los veranos en pleno calor formoseño y las visitas estivales duraron muchos años, tantos que el tiempo pasó, crecimos y las distancias entre ambas edades se acortaron significativamente, a punto tal que los ocho años que nos separaban se convirtieron en nada.
Así fue que comenzamos a compartir la vida desde un punto de vista mucho más cercano y ya no éramos tía y sobrina sino compinches. Compartimos grupo de amigos, ella comenzó a salir con un amigo del chico que salía conmigo en el verano y los lazos entre las dos siguieron estrechándose.
Lamentablemente su vida se desarrollaba en Formosa y la mía en Capital pero nada de todo eso era un impedimento para dejar de querernos.
Paola es la mayor de mis seis sobrinos y ha pagado un derecho de piso enorme teniéndome como tía pero a pesar del comienzo turbulento que tuvo esta relación, hoy puedo decir que es uno de los seres que más amo en esta Tierra.
La amo porque es divertida, honesta, frontal, cálida, íntegra como pocas personas.
Porque para ella mi madre siempre fue su abuela (aunque la sangre dijera otra cosa) y porque al llamarla así y quererla como tal, la hizo inmensamente feliz.
Es imposible no quererla porque hasta cuando está malhumorada es graciosa, porque la belleza que tienen esos ojos grises no hace más que hablar de su alma que es sencillamente maravillosa.
La amo porque le debo una de las épocas más lindas de mi vida y porque sé que siempre que ella exista en este mundo voy a tener un rincón en donde refugiarme y sentirme querida.
¡Feliz cumpleaños, Polola de mi alma, sos importantísima en mi vida!
Te amo con todo mi corazón.